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Del Hotel Madrid al tercer llamado: las muchas vidas del Teatro Ocampo

Antes de ser teatro fue hotel y el primer cine de Cuernavaca. Repasamos la vida del Teatro Ocampo, que cumple 19 años de su reapertura.

Quien cruza la esquina de Galeana y Rayón, en el Centro Histórico de Cuernavaca, ve un teatro de fachada sobria con la taquilla a pie de calle, y es fácil suponer que siempre estuvo ahí, esperando su próxima función. La realidad es bastante más agitada. El terreno que hoy ocupa el Teatro Ocampo ha sido hotel, sala de cine, teatro improvisado y telecine antes de convertirse en el recinto escénico mejor equipado del estado, y en su forma actual está por cumplir 19 años, ya que fue reinaugurado el 25 de octubre de 2007. Su biografía completa, sin embargo, empieza mucho antes, en una época en la que en ese predio nadie hablaba de butacas sino de habitaciones.

En la década de 1930 el inmueble albergaba el Hotel Madrid, según la ficha del Sistema de Información Cultural de la Secretaría de Cultura federal. Unos diez años después el edificio fue demolido para levantar el Cine Ocampo, un proyecto encabezado por el empresario Leobardo Ocampo, de quien el recinto heredó el apellido que conserva hasta hoy. Una fotografía de 1943 publicada por Diario de Morelos muestra la obra en plena construcción vista desde la calle No Reelección, y la ficha oficial registra 1946 como su año de fundación. Aquel cine tenía capacidad para unas 1,500 personas, casi el doble de lo que admite el teatro actual, y crónicas locales como las de El Sol de Cuernavaca lo señalan como la primera sala cinematográfica que tuvo la ciudad, lo que convirtió a ese rincón del centro en el lugar al que media Cuernavaca acudía cuando quería ver una película en pantalla grande.

La vocación teatral llegó una década más tarde, y no precisamente con el pie derecho. La primera adaptación del cine para recibir obras pretendía imitar un teatro tipo galpón, y el resultado fue, por decir lo menos, peculiar: más de la mitad de las butacas quedaron inhabilitadas y desde la sala apenas se alcanzaba a ver la mitad del escenario, de acuerdo con una reseña de la historia del edificio difundida por la Universidad Internacional (UNINTER). Quien tuviera un lugar mal ubicado podía salir de la función con una idea bastante parcial de la trama. Con el paso de los años, el inmueble fue rehabilitado para la Compañía Operadora de Teatros y después funcionó como telecine. El conjunto original incluía también el edificio del Hotel del Parque, igualmente propiedad de Leobardo Ocampo, cuya estructura se ha conservado.

El giro definitivo ocurrió en 1982, cuando el gobierno estatal asumió la titularidad del espacio y encargó al entonces Instituto de Cultura convertirlo en un teatro multifuncional, capaz de recibir producciones nacionales e internacionales y de funcionar también como foro de formación artística. Ese encargo tardó en concretarse. Fue hasta el año 2000 cuando se licitó la reconstrucción, que quedó en manos de un equipo integrado por el gobierno local, la Dirección de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), la empresa Teletec de México y el despacho del arquitecto José de Arimatea y Moyao. El proyecto obligó a rehacer prácticamente todo, tanto lo que el público ve como lo que ocurre detrás del telón: la sala, el escenario, los camerinos, el vestíbulo y la fachada principal.

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La noche de la reapertura, el 25 de octubre de 2007, la primera función en la nueva sala fue un concierto dirigido por el maestro Enrique Diemecke, director nacido en Guanajuato en el seno de una familia de músicos con ocho hermanos dedicados al oficio. Desde entonces, el Teatro Ocampo dejó de ser una sala adaptada a medias para convertirse en un espacio diseñado desde cero para las artes escénicas, algo que Cuernavaca no había tenido nunca a esa escala.

Por dentro, el recinto tiene 780 localidades numeradas y fijas repartidas en tres niveles: 303 en planta baja, 263 en el primer piso y 160 en el segundo, además de 54 lugares en palcos, 24 en el primer nivel y 30 en el segundo. El escenario es de tipo italiano, cerrado, con concha acústica y piso de madera, y el edificio cuenta con elevador, cafetería y bar. El propio gobierno de Morelos lo describe como el primer teatro del estado con las condiciones de acústica y mecánica teatral necesarias para montar espectáculos de alto nivel.

La ficha federal le calcula alrededor de 150 espectáculos al año, y la lista de lo que cabe en ese escenario es deliciosamente variada: teatro, ópera, danza, conciertos, funciones infantiles, festivales, circo, conferencias, asambleas y hasta informes de gobierno. Es decir, el mismo piso de madera que una noche sostiene a un ballet folclórico puede recibir días después la lectura de cifras oficiales. En septiembre de 2025, por ejemplo, el recinto reunió a 3,094 asistentes en 12 presentaciones, entre ellas las obras Ricardo O’Farril, Héroes Malditos II y La Metamorfosis de las Mariposas, el espectáculo Tlanchana y el Ballet Folklórico de la Universidad Tecnológica Emiliano Zapata (UTEZ), según informó la Secretaría de Cultura de Morelos, cuya titular en ese momento, Montserrat Orellana Colmenares, lo definió como un punto de encuentro abierto a toda la población. A la actividad escénica se suman cursos y talleres de capacitación técnica y artística que se imparten en un edificio contiguo, antigua sede de la Contraloría estatal.

Para quien quiera conocerlo, el teatro se ubica en Calle General Hermenegildo Galeana 2, esquina con Rayón, a unos pasos del Jardín Juárez, y forma parte del corredor turístico y cultural del centro de la capital, rodeado de museos públicos y privados. La cartelera se publica en sus redes oficiales, en Facebook como Teatro Ocampo Oficial y en Instagram como @teatro.ocampo, y conviene consultarla con anticipación, porque la programación cambia con frecuencia y va de compañías independientes de la región a conciertos y montajes de gira nacional.